Continuando, nos hemos quedado de momento con el sinsabor de no saber de que carajos se trata este blog. Esta entrada trata, tal vez en vano, de explicarlo.
Verán. Yo odio las modas, sobretodo las pasajeras. Y es moda, y además pasajera esta palabrita con la que nos hemos estado topando por algún tiempo, en toda la blogósfera: Procrastinación.
(En este punto, vemos serias amenazas de que esta bitácora tiene pinta de catársis…)
Ya que la palabra de marras terminó por incordiarme, más que nada porque no sabía su significado siquiera (en todo lado la usaban y en ninguno explicaban nada), me fuí directo a la enciclopedia libre y encontré, no solo su significado, sino que además el asunto abarca un tema mucho más complejo en donde se involucran desordenes psicológicos, trastornos del comportamiento, conductas adictivas y demás delicias que hacen del humano un ser tan entrañable.
(… o bien podría tratarse de algo intelectual. Pero con esas ínfulas. ¡Intelectualoide!)
Para entonces, yo tenía en mente crear una bitácora. Pero era un asunto que ya había perdido la forma de tanto darle vueltas, buscando el tema del blog, pensando en que si WordPress, que si Blogger, que el theme, que lo del web hosting. En fin, todas esas cosas que uno debería sopesar para lograr un buen producto y un buen punch.
(Se ha delatado. El tema es totalmente tecnológico. Si hasta ha usado palabros en inglés.)
¡Y ahí fué! Las razones me parecían más que suficientes, y contradictorias por demás. Primero, el deseo de acabar con la moda, o que el tema de moda se decante y no se haga pasajero. Segundo, esa fascinación que me causa la intrincada psique humana. Y tercero, que pensar, proyectar y hacer este blog se había convertido en una actividad más, que era postergada en mi vida.
Sin quererlo, el círculo se había cerrado ante mis ojos.
(Igual. No nos dijo de que iba el blog. Supongo que lo habrá dejado para más tarde.)